Columna de opinión publicada en "El Mercurio de Valparaíso", 5 de junio de 2010
Facebook, la red social más popular del mundo, se ha visto envuelta recientemente en una polémica por algo que no le es nuevo: la política de privacidad de los datos de sus usuarios.
Pero, ¿hasta qué punto son privados los datos que publicamos en Facebook? No olvidemos que cuando un usuario sube información al sitio, lo hace bajo su responsabilidad, y que ello no es requisito para acceder a los servicios gratuitos del sitio. Entonces, el tema de fondo no es el uso que se da a la información, sino el grado de control que como usuarios tenemos sobre nuestra vida privada; no olvidemos que la misión del sitio es “hacer de este mundo un lugar social más abierto y conectado”, por lo que antes de involucrarse en Facebook, uno debiera tener presente las posibles contraindicaciones y efectos laterales. El denominado “consumidor 2.0”, posee cada vez más información y se siente “empoderado”; sin embargo, parece olvidar las responsabilidades y precauciones que conlleva esta apertura de los espacios.
Finalmente, que las empresas tengan acceso a la información que el usuario entregó no tiene sólo un lado negativo, ya que una buena gestión por parte de éstas les permite obtener un mejor conocimiento de los intereses de sus consumidores, escuchando y comprendiendo la “comunicación de boca en boca” en torno a su oferta. También podrían entablar una relación que les permitiera obtener retroalimentación confiable respecto a sus necesidades y a la performance de productos y servicios, lo que podría derivar en una oferta mejorada y la entrega de información personalizada de mayor utilidad para los usuarios, captando su atención y evitando la generación del indeseable spam.
miércoles, 9 de junio de 2010
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